La entrega humana a la Terapia Craneosacral

February 7, 2002

Aún en estos tiempos de grandes avances en comunicación y donde algunas personas se hacen famosas valiéndose de pocos méritos, existen grandes hombres y mujeres dedicados por entero a la filantropía, personas que prefieren ser recordados no por ellos mismos sino por el legado que dejen a la humanidad.

 

En parte por timidez y en parte porque saben que su verdadera fortuna es el conocimiento que han logrado adquirir con su trabajo, viven cada día redescubriendo y maravillándose con la complejidad del ser humano.

Sin menospreciar a otros, me gustaría hablarles del Dr. John E. Upledger. Muchos de ustedes lo conocerán por sus libros y por su desarrollo de la Terapia Cráneo-Sacral y la Liberación Somato-Emocional.

En su libro “Tu Médico Interno y Tú” él relata su vida; licenciado en Medicina, formó una familia y realizaba su labor profesional con una natural entrega. Un buen día el destino o la casualidad le hizo enfrentarse a un caso que no se regía por ninguno de los cuadros clínicos descritos en los libros. El paciente en cuestión presentaba síntomas graves en su sistema nervioso, su aparato locomotor y alteraciones cutáneas. Tras mucho buscar y probar múltiples tratamientos localizaron una calcificación en su tubo dural (envoltura de la médula espinal) a nivel cervical. Decidieron rasparlo quirúrgicamente y fue durante la intervención cuando el Dr. Upledger sintió en sus manos como este tubo que envuelve la médula espinal se movía con una cadencia rítmica, independiente del ritmo cardiaco o respiratorio.

A partir de este decisivo momento, cambió radicalmente su vida; no pararía hasta encontrar una explicación a ese nuevo ritmo del cuerpo al que más tarde, llamó Ritmo Cráneo-Sacral.

Se empapó de todos los conocimientos osteopáticos hasta entonces conocidos. Al estudiar la obra de William Garner Sutherland sobre la movilidad de los huesos craneales, se propuso formar un equipo de investigación en la Universidad de Michigan para comprobar o refutar dicha movilidad y sus relación con el ritmo cráneo-sacral.

Estudiando sobre cráneos humanos “frescos” y sobre primates, demostraron que los huesos craneales no se fusionan totalmente nunca y que debido a la fluctuación del volumen del líquido cefalorraquídeo dentro del sistema de membranas meníngeas, se movían con un ritmo que oscila entre 6 – 12 veces por minuto. Y mejor aún, este ritmo cráneo-sacral podía sentirse no sólo en el cráneo sino en cualquier parte del cuerpo a través del tejido fascial corporal.

El Dr. John E. Upledger se sentía fascinado por cómo la naturaleza nunca deja de sorprendernos con su complejidad y, a su vez, con su sencillez; a veces basta con escuchar para que la información nos llegue, y él supo escuchar.

Sabía que todo ese trabajo no quedaba ahí, tenía que haber un sentido, una aplicación, y así fue desarrollando la Terapia Cráneo-Sacral, un método de trabajo tan respetuoso y sutil que hasta sorprende que pueda provocar cambios tan espectaculares en la salud de los pacientes.

Su frase: “La distancia más corta entre dos puntos es al intención” define parte de su filosofía: ayuda al cuerpo, se un simple asistente incondicional, el cuerpo ya sabe lo que tiene que hacer pero necesita ese apoyo suave y certero”.

Día a día, el Dr. Upledger comprobaba la mejoría en sus pacientes y así fue creando técnicas específicas de tratamiento, pero más que para su uso personal, era para poder transmitir al resto del mundo esta terapia; que fuera fácil de aprender por todo aquel profesional interesado realmente en la salud y en el ser humano integral.

Pero no se quedó ahí; trabajar con las membranas meníngeas y las fascias en general, de una manera puramente física, no siempre derivaba en la resolución total del problema del paciente. El Dr. Upledger empezó a investigar sobre lo que el llamó “Quistes Energéticos”: energía residual postraumática que el cuerpo no puede disipar y entonces la encapsula. Si este quiste de energía guarda a su vez una emoción desagradable, no basta con tratar solamente la parte física, hay que liberar la emoción que está frenando el proceso.

Llegamos pues a la técnica de Liberación Somato-Emocional, donde se integran cuerpo-mente y alma. Cuántas veces la medicina ha olvidado que somos más que reacciones químicas y células, tenemos unas emociones y pensamientos, tenemos unos sentimientos y todo ello es parte capital del ser humano. Un trauma emocional puede dejarnos más marcados que la peor herida de fuego. Pero podemos ayudar a quitarnos esos lastres, siempre respetando el proceso natural del paciente, sin terapias extremadamente complicadas ni sufrimiento innecesario, escuchando al cuerpo y lo que en él guarda.

En la actualidad, el Dr. John E. Upledger tiene más de 70 años y sigue trabajando en su clínica (el Upledger Institute Inc., en Florida), dedicando parte de su tiempo a programas con niños autistas, veteranos del Vietnam y terapia con delfines.

Su mente abierta no conoce límites; además de los cursos de Terapia Cráneo-Sacral y Liberación Somato-Emocional, imparte seminarios sobre el sistema inmune y su relación con el cáncer y los transplantes, etc. Se permite el lujo de trabajar con las mismas células pues todo lo que está vivo tiene memoria y capacidad de respuesta.

El Dr. John E. Upledger es un hombre sin miedo al que dirán, un hombre que derribó sus barreras mentales, para el que todo es posible si tú crees que es posible. Al verlo en persona con sus vaqueros y sus zapatillas de deporte, con la mirada viva aunque sus ojos estén ya cansados, cuesta creer que haya dedicado su vida a que el ser humano sufra menos y a transmitirlo a quien tenga oídos para escuchar. El mundo está necesitado de personas así.

Virginia Peralta Sánchez


Profesora Certificada del Upledger Institute España Publicado Revista Masaje – Febrero 2002

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